surrealismo y el ser acrómata.

dibujo

 

EL SER ACRÓMATA

 AUTOR: SOFÍA BALBONTÍN

Me aburro. Miro la sala de espera y no veo nada que me estimule. Miro un cuadro gigante a mi derecha. Creo que el pintor es el hijo de uno de estos seres de blanco. Seres de un brillo opaco, blanco, que habitan este lugar incoloro, inodoro, insípido. De piel incolora, de un hedor a nada, de mirada neutra, perdida en su verdad, de sonrisa transparente que se diluye en la cortesía y el negocio de la salud. A lo lejos escucho mi nombre, me acerco a uno de estos seres y sin mirarme ni dirigirme algún sonido, me entrega un frasco estéril y me pide en un idioma sin vocales ni consonantes que deposite una flema dentro del recipiente y me encierra en el baño para que ejecute su deseo. Y mientras espero sentada en el escusado blanco a que me den las toses, pienso en como sería para un hombre hacerse una muestra de esperma en ese lugar. Hacerse una paja en el mundo blanco del desestimulo. Pienso en el ser acrómata como un parasito del ser blanco. Su idioma es el ruido blanco, la estática constante de un zumbido molesto e infinito. El ser acrómata le roba el alma a las personas y las convierte en seres blancos. Zombies insípidos en el mundo del sin, pues todo les falta y nada lo tienen. El ser acrómata no tiene sentidos, no siente la caricia del tacto, no huele los olores putrefactos de la sangre, no ve el brillo blanco de las luces incandescentes del pabellón ni siente el sabor de los besos ácidos de las píldoras y jarabes. No tiene cuerpo, solo se personifica en el glóbulo del ojo. Sin iris, sin pupila. Solo el glóbulo. Una bola translucida con venas carnosas y palpitantes de sangre albina. Con un sudor constante de jugo transparente blanquizco, como un caracol que deja una estela plateada, el ser acrómata rueda y deja una estela de semen que se expande y contamina el alma, fecundando de inexistencia los ojos idos de los seres blancos.